jueves 11 de agosto de 2011

Los pendientes de la reina



      Mientras fue niña nunca supo que era princesa, y, como una niña normal jugaba  con las flores en el campo, saltaba de sombra en sombra en el pinar, recogía moras de las silvas , soplaba en dirección contraria al viento , reía cada vez que un conejo se escondía, corría tras las ardillas y, calladita , se quedaba muy quieta para ver salir a los lagartos cuando van a tomar el sol.

      Ella veía a las adultas , tristes , sosas y gruñonas. Con sus vestidos incómodos y apretados, con sus caras de amargura, y pensaba... : "yo de mayor no voy a ser así" .

      Crecía y crecía y seguía creyendo que ella no era princesa. Lucía su pelo rizo y cobre al Sol. Y asomaban sus formas de joven mujer bajo su túnica de lino.

      Y llegó el día en que su madre se acercó a ella y le susurró con su voz tenue y cada vez más lejana :
"Pequeña princesa,dentro de poco te tocará ser reina. Debes sentirte muy afortunada, pues ocuparás mi lugar, y tendrás el respeto de todos y todas. ".

      Las palabras de aquella mujer arrugada y vieja la hicieron retroceder. Un paso atrás. El silencio impetuoso cubrió el tiempo , y , la pequeña niña, que ya no era niña ni princesa gritó. Gritó todo lo que pudo mientras corría alejándose de todo.

      Durante días se escondió junto al río, huyendo de aquel mal sueño. Pensó que ella no debía ser así, no quería ser reina , no quería hacerse vieja, ni llevar pesadas vestiduras, no quería complacer a un rey , no quería tomar el té junto a otras, y , sobre todo, no quería que le agujerearan las orejas como a un animal , marcándola de por vida.

      Sin embargo, ella no entendió de verdad cuál era su camino. Ni ella ni nadie. Y cuándo ya no aguantó más despierta ,expectante,  se echó a dormir tras las violetas de la orilla. De repente algo la sobresaltó. Dos pequeñas ardillas se acercaron a ella y empezaron a quitarle la ropa. Ella intentaba luchar , pero era imposible , pues mientras unas la desvestían , otras dos, con plumas de gaviota, le hacían suaves y jugosas cosquillas en las plantas de los pies. Resonaba su risa de princesa en todo el valle. Dos pequeñas lagartijas se acercaron también y , con hojas de acebo , trajeron el rocío que dejaron caer gota a gota sobre su cuello , dejando en su piel un brillo y olor mágicos. Deshicieron las mismas su trenza y dejaron caer su pelo sobre sus hombros, cubriendo sus pechos . Se acercaron también dos conejos , que , con sumo cuidado mordisquearon una por una sus uñas de los pies hasta dejarlas brillantes y reluciente. Todos los animales hicieron un pasillo para dejar pasar a los reyes, que traían el mejor regalo para la princesa. Ella estaba atónita. Entre los tojos salieron dos grandes jabalís con sus grandes colmillos y se le acercaron. Ella se arrodilló y cerró los ojos. Su piel de gallina mostraba el miedo que tenía... Suavemente la pareja de jabalís , usando sus colmillos apartaron su pelo, y, en cada oreja colocaron , Los Pendientes de la Reina.

      En un segundo todos los animales desaparecieron, excepto los dos jabalís y , por el camino empezó a escucharse el estruendo de un viejo carruaje , arrastrado por al menos cuatro caballos. En él iban tres hombres y una mujer . Los tres no dejaban de señalarla, y fue cuando ella comprendió de quien debía de tener miedo. Cuando se acercaron más pudo reconocer a la mujer entre el polvo que los caballos levantaban del camino. Era su madre, que gritaba y lloraba : " ¡Mi pequeña! ¡Haced algo!" . Dos de los hombres de la escolta real sacaron sus armas de fuego, y, apuntando a los jabalís que a su derecha tenían, dispararon.

      El carruaje se paró. El bosque quedó en silencio.

      La madre sobresaltada bajó del carruaje y corriendo fue a buscar a su niña , que yacía en el suelo. Pronto se escuchó el llanto de una madre asolada ante el cuerpo de su hija , de su princesa, cuya sangre cubría su desnudez. Un disparo en el pecho , al igual que el gran macho de jabalí de su lado, que yacía sin vida con la herida mortal al corazón. Una única lágrima .

      A lo lejos se veía a una joven jabalí, rodeada de animales, correr hacia el bosque. Dispararon pero no la alcanzaron. Sólo la madre advirtió de los pendientes que llevaba en sus colmillos :  Los Pendientes de la Reina.


3 ...susurros...:

amparito dijo...

Ayer vi unos pendientes de la reina y me acordé de tu cuento
No lo había leído
Es como si lo viera, con todos esos animales y plantas de campo
Si no tuviera un final tan trágico se lo leía a mis hijas
(No se que ganamos con protegerlas tanto...)
Si lo consigo, te mandaré un cuento del nacimiento de una mariposa que me leyeron hace poco
Sobre la sobreprotección
Besitos silvestres como pitufresas
(de momento no se otro nombre para la fresitas salvajes)
Pili

amparito dijo...

http://imaginas-alter-ego.blogspot.com/2011/08/dejar-luchar-cada-uno-por-su-camino.html

El cuento que te prometí

Lobadiz dijo...

Hola Amparito!
El final no es trágico en realidad :) Sólo tienes que echarle imaginación. Y si se lo quieres leer a tus pequeñas te doi permiso para que cambies el final por uno que las haga sonreir antes de dormir(eso sí, luego cuéntamelo que no quiero quedarme con la intriga). Ahora mismito voy a leer el cuento que me prometiste y te digo si me gusta :)